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Monseñor Gómez Sierra: "La corrupción en los cursos de Formación nos hace mucho daño a la enseñanza en Andalucía"

El delegado para la Enseñanza de los Obispos del Sur (Odisur) y obispo auxiliar de Sevilla, Santiago Gómez Sierra, no oculta su preocupación por la situación económica y social que atraviesa Andalucía y por la falta de reacción de las administraciones públicas para convertir al sector educativo en palanca del cambio y salida de la crisis. Tampoco temas tan controvertidos como la corrupción en Andalucía.

- ¿Cómo ve la educación en Andalucía en estos momentos?

- Llevo algún tiempo hablando de que estamos en una situación de emergencia educativa de la que no hemos salido en los últimos años. Tenemos nuevas generaciones que van pasando por los centros educativos y les damos cosas, pero no razones para vivir. Y se nos quedan jóvenes con una fragilidad fundamental y muy desprovistos de los “por qués” que van surgiendo a lo largo de la vida en las personas.

- A pesar de los años de crisis, parece que no termina de calar el mensaje de que lo que verdaderamente nos puede hacer avanzar es una buena educación…

- Es verdad que para salir de la crisis, y lo puede decir cualquier experto, hace falta invertir en las personas. Hay que formar personas capacitadas que son el futuro para la economía y para las empresas pero también para la sociedad. No olvidemos que no queremos crear sólo buenos productores sino buenos ciudadanos. Sin embargo, parece que no somos capaces de avanzar y los partidos políticos no dejan de convertir la educación en un campo de batalla ideológico y partidista, muchas veces más de lo segundo que lo primero, porque no salimos de los mantras que nos proclaman la izquierda o la derecha. A esto hay que sumar otro factor que también nos está haciendo mucho daño, como es la corrupción. Lo vemos en distintos sectores y ahora nos está afectando a la enseñanza, a través de la corrupción en los cursos de formación. Vemos escandalizados cómo se han ido por la cañería muchos recursos que iban dirigidos precisamente a los más desfavorecidos. Y eso desde luego, nos hace mucho daño como sociedad en general y en este sector educativo en particular, por el descrédito que genera.

- Cuando ve los resultados de la región en el Informe PISA o los datos de un 35% de fracaso escolar, ¿qué siente?

- Siento compasión y tristeza, porque sabemos que el fracaso escolar en un muchacho es antesala de marginación y exclusión social. Y también siento indignación, porque realmente la inversión en enseñanza que se hace no tiene correlación con esos resultados. Nuestra inversión en educación no se corresponde con nuestro puesto en los resultados del informe PISA u otros. Algo tendremos que hacer para ser más eficientes.

- La Lomce aprobada por el PP en solitario parece abocada al fracaso por la falta de consenso, ya que los demás partidos la quieren derogar en cuanto puedan. ¿Cuál es su opinión?

- De esa falta de dialogo hemos sido testigos los obispos. En el tiempo de la elaboración de la LOMCE, sobre todo en lo que respecta al asunto de la asignatura de Religión, hemos sido absolutamente ignorados. No ha habido ninguna interlocución no solamente fluida, sino a veces, ni educada. Ha sido una oportunidad perdida que habrá que recuperar.

- ¿Cree que es necesario un gran Pacto de Estado por la Educación?

- Por su puesto que es necesario y deseable un gran pacto por la educación que señale un campo común y que tenga vocación de estabilidad  en nuestro país con un consenso generoso y amplio. Y es acuerdo marco tiene al mismo tiempo que dejar espacio al carácter propio de cada centro educativo. Porque no se trata de hacer una oferta absolutamente uniforme, ya que eso no responde a la pluralidad de la sociedad española y las familias. Hay que recoger un consenso fundamental y dejar espacio para esas singularidades.

- ¿Se refiere a la presión continua para impulsar la escuela pública como modelo único en Andalucía y otras regiones?

- Es evidente que la escuela concertada está siendo objeto permanente de un hostigamiento que parte de un supuesto que mientras no lo aclaremos seguiremos con este problema. Y es que la administración mira la escuela concertada como una red suplente para donde ella no llega. Pero desde luego, la escuela concertada no se ve a sí misma así. Lo que ve es que los padres tienen un derecho a educar a sus hijos libremente con una oferta que ellos eligen.

- ¿Qué papel debe jugar la Iglesia en la Educación?

- Ofrecer su proyecto educativo a los padres que quieran educar libremente a sus hijos desde esa cosmovisión cristiana. E intentar no dar pasos atrás. Deberíamos luchar hasta por la última unidad de concertada y no perder ningún puesto escolar que la Iglesia tiene en su red educativa.

- ¿Considera que, en las actuales circunstancias, los centros católicos son una plataforma privilegiada de evangelización?

- Por su puesto. Pero la Iglesia no instrumentaliza la Educación para su proselitismo. La Fe católica no tiene ninguna vocación de ser una afición personal y oculta en la vida de una persona. Se quiere presentar el Evangelio en diálogo con la Razón y con una cultura que en gran parte ha nacido de ahí. Por eso presenta esa oferta educativa.

- ¿Qué valores son los que no pueden faltar en un centro católico?

- Los valores son el fruto de un árbol. Y a veces hemos querido coger los frutos sin cuidar el árbol y la raíz. Lo que no puede faltar en un centro es la raíz, que para mí es Jesucristo, que debe estar explícita, y el árbol, que es la Iglesia, como vigencia de Cristo en la sociedad, en la cultura y en el mundo.

- A su juicio, ¿Qué está aportando ECA a la sociedad andaluza y a la propia Iglesia en Andalucía?

- En la medida en que somos fieles a nuestra identidad, aportamos sal y luz, que son unas claras imágenes evangélicas. Desde una visión católica del hombre, del mundo, de la sociedad, está aportando ese elemento, ese proyecto de vida y esa cosmovisión que hace que la sociedad que no se corrompa. En definitiva, es la tarea que tiene la propia Iglesia.

- ¿Por qué cree que en muchos casos se sigue pensando que los colegios concertados son elitistas?

- Es una acusación falsa y una especie de mantra para atacar a las escuelas concertadas. Ni en sus orígenes fueron elitistas ni lo son ahora. De hecho, nacían en las congregaciones para ir en busca de los últimos y educarles. Y actualmente, ser sostenidos con fondos públicos, algo que es justo porque esos padres pagan sus impuestos, hace que estos colegios no tengan una clientela con un determinado nivel social, como se quiere hacer ver. Se trata simplemente de permitir la libertad de los padres para educar a sus hijos.

- ¿Cuál cree que son los principales retos de los colegios católicos para el futuro?

- El fundamental es hacer valer su razón de ser, no como suplencia de la red estatal sino como forma de hacer posible la libertad de los padres. A veces se nos olvida que los chicos y chicas son antes hijos que ciudadanos de un Estado. Y ese es un reto muy importante. Y en segundo lugar, creo que el carácter propio de los colegios católicos debe ser proyectado sin ningún tipo de complejos y sin silencios vergonzantes que a veces se producen. Nuestros colegios son referencias buenas, dan calidad humana, y contribuyen a formar buenos cristianos y honrados ciudadanos.

Alumnos de todos los colores

El año político parece haber certificado la conformación de una sociedad cada vez más plural y abierta a diversas opciones. Esta circunstancia no es nueva para Escuelas Católicas de Andalucía. En los 400 centros de ECA siempre hemos apostado por una educación de calidad, con valores cristianos y con un componente crítico que permita a nuestros 225.000 alumnos pensar por sí mismos y ayudar a construir una sociedad mejor, plural, abierta, respetuosa, tolerante y solidaria. Nos gusta tener alumnos de todos los colores, que nos contagien su alegría y su mirada de futuro. Así lo simbolizamos con esta foto de los más de 200 alumnos de Cádiz que celebraron recientemente el Día de Escuelas Católicas con una divertida y colorista fiesta india “holi run”. Tiempo de color. Feliz Verano.

Foto: Julio González

Nuevos retos, nuevas soluciones

Muchos respiraron tranquilos cuando acabó el temido año 2012 con el que tanto nos habían asustado y vieron que no se acabó el mundo como habían pronosticado los Mayas. Pero desde entonces, en sólo tres años, el cambio social, cultural, económico, político, tecnológico, etc. al que estamos asistiendo bien puede certificar que acabó el mundo que conocíamos hasta entonces para dar lugar a un “tiempo nuevo”.

El ritmo al que se está produciendo este cambio es tal que cuesta darse cuenta de la velocidad a la que está cambiando nuestra sociedad y hasta los sociólogos no se atreven ya a dar por buenas sus propias encuestas, siempre cambiantes, sobre hábitos y tendencias sociales.

Lo que hoy parece “lo más” mañana ha quedado obsoleto. Lo que hoy es “trending topic” mañana ha pasado al olvido. Lo que hasta hoy era una pilar básico de nuestra convivencia mañana pasa a ser cuestionado por todos.

La adaptación a los nuevos tiempos se ha convertido en el mejor aliado para salir airoso de estos tiempos de turbulencia. Bien lo han comprobado los 400 colegios de Escuelas Católicas de Andalucía, donde cursan estudios 225.000 niños que son buen reflejo de esa sociedad cambiante.

Además, las consecuencias de la terrible crisis económica, de más de siete años ya, empiezan a provocar estragos en la población, y el descenso demográfico se ha acentuado en algunas zonas de Andalucía. Esta circunstancia está provocando situaciones desconocidas hasta la fecha entre nuestros centros, acostumbrados a tener lista de espera de alumnos, y ahora con plazas libres o justas.

Frente a ello, hay que adoptar una nueva actitud en Comunicación, que pase de la pasividad a ser claramente proactiva. Ya no funciona el “dejad que los niños se acerquen a mí”. Ahora somos nosotros los que nos tenemos que acercar a los niños y sus familias y convencerles de las ventajas de nuestros centros.

Los colegios de Escuelas Católicas siempre han sido percibidos como garantía de una enseñanza de valores cristianos y de una educación de calidad. Pero en esta sociedad cambiante que vivimos nada es incuestionable. Y pocos consiguen vivir de las rentas, incluso instituciones centenarias.

El verano puede ser un buen momento para reflexionar sobre cómo afrontar la comunicación de nuestros centros el próximo curso 2015-16. Cómo fortalecer nuestra unidad y ofrecer a la sociedad en general y a los padres en particular una comunicación activa y positiva que renueve nuestra empatía con una sociedad que se cuestiona todo pero que busca valores seguros a los que aferrarse para confiarle la educación de sus hijos y el futuro de todos.

José Luis Losa

Director de Comunicación de ECA

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