FeedFacebookTwitterYoutube

                       

Una escuela que acompaña

Con no poca frecuencia, y desde diversos foros, solemos preguntarnos qué es aquello que diferencia a la educación católica de otras formas de enseñanza. Inmersos en el eterno debate sobre el derecho que nos otorga nuestra Carta Magna para elegir el centro en el que se formen nuestros hijos, la respuesta a tal cuestión se hace aún más necesaria, si cabe.

A primera vista, lo que nos distingue parece más que evidente: el evangelio de Jesucristo y, por ende, una manera de acercarnos al alumnado y sus familias, que se inspira en las bienaventuranzas y en el modo de proceder del Señor Jesús.

Sin embargo, cuando escuchamos las razones por las que nuestras familias deciden que seamos nosotros, y no otros, quienes les acompañemos en la educación de sus hijos, nos sorprende comprobar que no es el evangelio su principal motivación, sino el buen clima de nuestros centros y la educación en valores que les ofertamos. Son éstas, las dos razones que obtienen mayor puntuación en la investigación dirigida por Fernando Vidal, desde el Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia de Comillas.

Es importante que estos datos no nos lleven a confusión. Es cierto que la predicación explícita del evangelio en nuestras aulas no parece ser la principal preocupación de todos los padres. Nuestros destinatarios parecen compartir, grosso modo, los mismos intereses que el resto de la sociedad. Incluso es posible que aunque se desee que los niños y jóvenes escuchen la propuesta evangélica, pueda influir en sus respuestas un sesgo, fruto de la sutil tendencia social que obliga a que los términos evangelio, iglesia o católico no gocen de buena prensa.

Sea como fuere, un porcentaje no pequeño de padres prefiere poner a sus hijos en nuestras manos. Algo tendrá el agua, cuando la bendicen, reza el dicho popular.

Además de escuchar las preferencias de nuestros destinatarios, urge que seamos nosotros mismos: los equipos directivos y los docentes en general, los que nos preguntemos para qué queremos ofrecer lo que ofrecemos. Somos nosotros los primeros que hemos de cuestionarnos la razón última de nuestra labor, no vaya a ser que enarbolemos una bandera que resulte vacía de contenido. El riesgo de no cuestionarnos, sería librar una batalla con el único propósito de averiguar quién es más fuerte o a quién le asiste más la razón. Además supondría caer en la peligrosa tentación de pensar que nosotros educamos con mayor calidad que otros. Algo, evidentemente incierto.

Las particularidades de nuestro modo de educar no pueden estar inspiradas en el simple hecho de “ser diferentes”, algo que nos convertiría en rehenes de un mercado en el que “la diferencia” estaría al servicio de la captación de alumnado (y que podemos acreditar exhibiendo placas de calidad en las puertas de nuestros centros). Muy al contrario, si por algo hemos de ser diferentes es por pura fidelidad al evangelio. Es, por tanto, nuestra vocación como educadores cristianos, la razón última de nuestra manera de hacer las cosas. Estamos llamados a mirarnos, una y otra vez, en el espejo del evangelio. Un reflejo que nos invita al acompañamiento de todo nuestro alumnado, y especialmente del más necesitado.

Precisamente uno de los rasgos que más ampollas levantó en los judíos piadosos de la Palestina del siglo I fue la apertura y cercanía con la que Jesús se mostró a todos, especialmente a los menos “ortodoxos”. Su particular modo de acompañar a las gentes generó no pocos recelos.

Tal como analiza Rafael Aguirre en su ya clásica publicación La mesa compartida, uno de los rasgos más singulares de Jesús fue su comensalidad abierta. Comer con alguien, era para los judíos del comienzo de nuestra Era un signo de aceptación mutua, de radical igualdad, algo que reprocharon a Jesús hasta la saciedad. Desde la mujer adúltera, hasta la visita al hogar de Zaqueo, pasando por la mujer de Samaría, Jesús se acerca, mira, acompaña, acaricia y, siempre, dignifica. Sin excepción, todo el que es tocado por el maestro de Galilea queda transformado.

El acompañamiento real y profundo debiera ser el rasgo central de nuestra labor docente. El espacio donde no escatimásemos  esfuerzos,  creatividad o tiempo. Ésta debiera ser nuestra seña de identidad, y no porque sea exclusivamente nuestra, que en absoluto lo es, sino porque es la única forma que entendemos la fidelidad al nazareno.

En nuestros centros educativos acompañamos desde una multitud de ángulos, comenzando, como no, desde la portería, que es la primera cara con la que se encuentran las familias, pasando por el patio, las clases, las actividades extraescolares, la dirección, la orientación escolar y, como no, la acción tutorial.

Todos tenemos recuerdos de los profesores y maestros de nuestra infancia, y sabemos diferenciar perfectamente a los docentes que supieron acompañarnos de los que no lo hicieron. Un profesor mío afirmaba que apenas nos acordamos de lo que nos enseñaron, pero que no tenemos dificultad alguna en recordar cómo se comportaron con nosotros. Es en el acompañamiento al alumno y a su familia donde nos jugamos el tipo.

El tutor se convierte, a menudo, en el primer agente social al que se le cuenta una problemática familiar, el primer confidente que escucha lo que está pasando dentro de un hogar. Y una vez que esto ocurre, “la pelota queda en nuestro tejado”, porque hagamos lo que hagamos, incluso aunque pretendamos no hacer nada, tendrá una enorme repercusión en la vida del alumno.

Acompañar, provocando cambios, es la tarea más fascinante de nuestra vocación, pero quizá no seamos suficientemente conscientes del poder sanador que esconden la ternura de nuestras manos.

Acompañar no significa dirigir, ni tampoco imponer, sino estar al lado, pero de un modo activo. Acompaña quien escucha, quien acoge o quien sugiere, en definitiva el que se preocupa por la vida del otro. Deberíamos formarnos para empatizar mejor, para saber derivar una determinada problemática, para ser diestros en la persuasión que persigue pequeños avances. Perseguir el cambio debería ser el primer mandamiento de nuestro decálogo educativo.

Considero que la mayoría de los fracasos escolares no se deben sólo a la calidad de nuestra pedagogía, sino, principalmente, a la falta del acompañamiento adecuado ante la necesidad que experimenta el menor en un momento determinado. El alumno puede sufrir una especie de abandono, que en la mayoría de los casos no es fruto de la negligencia sino de la ignorancia. Es aquí donde los tutores tenemos mucho que decir.

Deberíamos formarnos y diseñar cuidadosamente nuestras entrevistas tutoriales. La falta de pequeños ajustes familiares está detrás de muchos fracasos escolares. Ajustes que podrían solucionarse con pequeñas intervenciones. Conozco familias en las que los hijos llevan años durmiendo en la cama de sus progenitores;  niños, que sin levantar un palmo del suelo, insultan a sus padres sin que esta conducta tenga consecuencias. Acompañar es estar ahí, volver a preguntar, persuadir para provocar una percepción diferente, volver a convocar o derivar cuando lo estimemos necesario. La neurociencia revela que cuando sentimos que alguien nos entiende y nos acoge nuestros niveles de cortisol bajan considerablemente. Muchas de nuestras familias lo primero que necesitan es que conectemos con ellos, que nos hagamos cargo.

No tengo muy claro que es lo que diferencia nuestra escuela de otras formas de enseñanza. Sí quisiera que lo que nos diferenciase fuese una manera de acompañar que es curativa. Pero no porque persigamos la diferencia, sino porque es lo que emana de nuestra vocación. Los siglos XIX y XX vieron nacer multitud de escuelas cristianas. Inspiradas por su sus fundadores marcaron la diferencia al educar a una población desprotegida, que de otro modo nunca se hubiese podido formar. La cobertura social ha hecho que la escuela católica no represente ya esa diferencia. Quizá ésa deba ser su vocación, la de inspirar para que otros se sumen, la de adelantarse a los tiempos. Ojalá que hoy seamos diferentes en la forma de tratar al alumnado, con la intencionalidad de que en poco tiempo dejemos de diferenciarnos en eso y estemos en otra cosa. Eso indicaría que estamos en la escucha y fidelidad al Espíritu.

Antonio Luis Ferreira Siles

Departamento pedagógico, ECA Andalucía

 

 

Apuesta por la formación

El departamento pedagógico de Escuelas Católicas de Andalucía ha seguido y sigue apostando por la formación. Su vocación no es otra que la de ser útil a toda la comunidad educativa en su quehacer diario. Durante el presente curso ha continuado con la importante labor iniciada por Juan Manuel Alarcón, responsable del departamento hasta el pasado octubre, y su compromiso por la puesta al día de los profesionales de nuestro gremio.

Se han impartido dos cursos de especialista universitario, el primero en liderazgo y dirección de equipos en centros educativos y el segundo en coaching educativo y pastoral, con un grado de satisfacción muy alto por parte del alumnado. Asimismo, se celebraron las jornadas de innovación pedagógica y las de equipos directivos tanto en Granada como en Sevilla. Con una alta participación en ambas sedes. La última acción formativa tuvo lugar en Sevilla y estuvo dirigida a integrantes de equipos de orientación.

Para el próximo curso, el departamento pretende dar continuidad al curso de liderazgo y dirección de equipos en centros educativos, transformándolo en un curso de experto universitario. Del mismo modo, está comprometido con ofrecer una formación, también de carácter experto universitatio,  para los equipos de orientación de los centros. El departamento considera que hay una gran demanda de este último sector. Así, orientadores, pedagogos terapéuticos y todos los miembros, o futuros miembros, de equipos de orientación, puede disfrutar de una formación continuada y de calidad que los habilite para ejercer su labor lo mejor posible. 

La Fundación Santo Tomás de Aquino comienza su andadura

El Patronato de la la Fundación del Sur “Santo Tomás de Aquino”, perteneciente a FERE-CECA y que agrupa a las autonomías de Andalucía, Canarias y Extremadura, ha decidido nombrar director esta institución al responsable del Departamento Pedagógico de Escuelas Católicas de Andalucía (ECA), Antonio Ferreira.

El patronato, reunido el pasado 23 de junio realizó un repaso de las principales actiaciones realizadas en los últimos meses y analizó los próximo pasos a dar para su puesta en marcha efectiva. Ya el pasado día 9 de marzo la Fundación del Sur “Santo Tomás de Aquino”, llegó a un acuerdo con la Congregación de la Presentación de María, para asumir el colegio “Presentación de María” que tienen en Peñarroya – Pueblonuevo (Córdoba), a partir del 1 de septiembre de 2016. El patronato conoció las ofertas de otros centros y los estudiará detenidamente antes de tomar una decisión.

 

I can speak english, and you?

Cerca de 2000 alumnos andaluces consiguieron el curso pasado una certificación oficial de su nivel de inglés a través de los prestigiosos exámenes de Cambridge English.

De todos es conocido que en la sociedad actual contar con altas capacidades en el idioma inglés es una demanda generalizada.  A través del programa BEDA y de los prestigiosos exámenes de Cambridge, los centros de Escuelas Católicas Andalucía pretenden dar respuesta a la necesidad de dominar el idioma inglés para desenvolverse con éxito en el ámbito académico y profesional.

Uno de los pilares del programa es la evaluación externa, que corre de la mano de Cambridge English, y sirve para homogeneizar la enseñanza y mantener altos los niveles de calidad; además de ofrecer a los alumnos unos certificados de dominio de la lengua inglesa de alta calidad y reconocidos en todo el mundo. Los certificados de Cambridge English evalúan las cuatro habilidades del idioma: comprensión y expresión oral (Listening y Speaking) y comprensión y expresión escrita (Reading y Writing).

Durante el pasado curso se contabilizan ya casi 2000 exámenes de la Universidad de Cambridge realizados en los centros BEDA de nuestra autonomía, básicamente en los niveles Cambridge English Young Learners (YLE), Cambridge English Key (KET) y Cambridge English Preliminary (PET), aunque los niveles superiores, como el Cambridge English First Certificate, son cada vez demandados.

El programa BEDA es un ejemplo de excelencia en la enseñanza del inglés en la escuela y un modelo a seguir en la implantación del bilingüismo. En Andalucía, hasta la fecha son 139 los centros que lo han implementado en sus aulas de manera particular, aunque todos los colegios de ECA que lo deseen podrán acogerse a este Programa, que ha sido adaptado a la legislación y las necesidades de la comunidad autónoma en materia de bilingüismo.

El Programa BEDA se adaptará en cada centro a su actual nivel de inglés, dividiéndose así en diversos grados: modelo de preparación, de potenciación, bilingüe, de excelencia, de referencia... Además, también cuenta con un programa"kids" para infantil y otro "Cum Laude" para centros universitarios. De esta forma, todos los centros andaluces que lo deseen podrán acogerse al Programa BEDA independientemente de su situación y nivel formativo en esta materia.

En total son más de 400 centros, 230.000 alumnos y 13.000 profesores andaluces incluidos en la patronal Escuelas Católicas de Andalucía los que se podrán beneficiar de este plan de desarrollo del bilingüismo en las aulas.

 

¿Una escuela que hace pastoral o una escuela que evangeliza?

La Misión de los Centros de Escuelas Católicas se refleja en el lema: "Evangelizamos educando". Desde el modelo del Evangelio, queremos desarrollar en cada una de las personas su potencial más profundamente humano, acompañarles en la construcción de sus proyectos de vida, en la búsqueda de sus claves de sentido y referentes de interpretación, abriendo horizontes a la fe, desde una perspectiva trascendente que lleve al encuentro con Jesús. (Proyecto Educativo Institucional, Escuelas Católicas, Madrid 2010)

Ante esto, nos preguntamos si nuestras escuelas son espacios donde se hace pastoral o realmente somos una escuela que evangeliza.

Hacer pastoral es programar, evaluar, sistematizar, acompañar, diseñar procesos, estructuras que vayan dando sentido a nuestras escuelas. Hacer pastoral es una tarea difícil y apasionante, pero en muchas ocasiones queda relegada a un grupo reducido de personas, a un departamento, a un equipo que "va tirando del carro" y que puede llegar a caer en la rutina, en el cansancio y en la falta de esperanzas

Periódicamente repetimos actividades que hemos venido haciendo desde siempre, por tradición, por costumbre y los niños, adolescentes y jóvenes van pasando por ellas, pero ¿qué produce en ellos estas vivencias? ¿qué va haciendo que sus vidas se vayan transformando? ¿cómo estas acciones y vivencias van construyendo sus proyectos de vida? ¿dónde está el sentido último de lo que hacemos?

Dentro de la escuela, la comunidad educativa está llamada a evangelizar desde todos los ámbitos de la vida escolar y extraescolar, los equipos de trabajos, cada profesor en su clase y en su asignatura, los educadores, los monitores y catequistas, el personal de administración y servicio. En definitiva, todos los que formamos la escuela estamos llamados a evangelizar desde el ámbito que nos compete, pues entre todos evangelizamos. Los equipos y departamentos de Pastoral están llamados a programar las acciones necesarias para que los destinatarios de la evangelización vayan teniendo vivencias que se transformen en experiencias de sentido que configuren sus vidas al mensaje de Jesús.

Después de la experiencia de trabajo en pastoral, en distintos ámbitos, podría afirmar que la pastoral es el conjunto de experiencias que llevan al niño, al joven y al adulto a vivir la Experiencia de Dios. La acción pastoral es una parte de la vida de nuestros centros, junto con la acción docente, la acción tutorial. Una acción que viene liderada por un equipo de pastoral, que junto con el equipo directivo, son el motor de la vida del centro. Son el la sístole y diástole del corazón que late en el día a día de nuestras escuelas.

El gran desafío de la pastoral consiste en la capacidad de ofrecer la experiencia de sentido y de encuentro. El reto está en proponerla como método, como camino para llegar a un fin. La pastoral de la personalización requiere partir de las dimensiones de la persona: emocional, cognitiva, corporal, social, espiritual. Se trata de proponer, aceptar, animar y valorar experiencias que suponen en sí mismas retos y requieren responsabilidad, dentro de las posibilidades que ofrece la institución educativa y la madurez de los sujetos. Estas ofertas experienciales deben estar organizadas con los mismos destinatarios.

Realmente nuestras escuelas hacen pastoral, gastan el tiempo y los recursos por hacer una oferta pastoral de calidad; pero eso es una sola parte, una parcela concreta, pues junto a ello nuestras escuelas están llamadas a evangelizar. La pastoral la dinamiza un grupo concreto de nuestros centros, pero la evangelización es una llamada para todos los miembros de la comunidad educativa. Solamente así podremos llegar a ir dando respuesta a nuestro lema institucional: "Evangelizamos educando".

La tarea es dura, y difícil, pero a la vez es una aventura apasionante. Estamos llamados a mover los corazones de todos los que se acercan a la escuela católica para encontrar y descubrir el sentido de sus vidas marcados por la alegría del Evangelio.

H. Miguelángel López Martínez

Responsable del Departamento de Pastoral de Escuelas Católicas Andalucía

                                                                                        EMPRESAS COLABORADORAS

                                                                                  

                                                                                               EMPRESAS AMIGAS