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Una escuela que descansa

 

El capítulo segundo del libro del Génesis nos narra no sólo el descanso de Dios tras su obra creadora en la séptima jornada, sino la santificación de dicho día. Desde tiempos inmemoriales, el buen judío cumple escrupulosamente con el precepto sabático no haciendo nada. Algunos judíos, más rigurosos, tienen incluso contados los pasos que está permitido dar para no incumplir la norma; o es posible que un turista que visita Tierra Santa, se tope con sorpresa en algún hotel con el ascensor del sabat, un elevador que se para en cada planta, evitando así que el judío promueva el movimiento con sus dedos.

El descanso, por tanto, no sólo es necesario, es un mandato divino. Y es que descansar no es cualquier cosa, de ahí que también en esta faceta nos hagamos responsables de en qué invertimos nuestro tiempo. Descansar sirve, entre otras cosas, para tomar distancia. Las religiones orientales insisten en la necesidad de desidentificarnos de nuestros pensamientos, es decir, la capacidad de observarnos desde fuera, como si fuésemos “otro yo” que contempla nuestro funcionamiento cerebral o emocional. Esa mirada desde fuera, permite vernos con una claridad especial que no suele ocurrir cuando estamos identificados con lo que pensamos o sentimos en un momento determinado.

El verano es bueno para tomar la distancia apropiada, no sólo porque nuestro cuerpo físico nos los exija, sino porque nos permite ver con mayor claridad lo que hacemos el resto del tiempo. Tan importante es trabajar, y hacerlo bien, como reflexionar, evaluar y discernir sobre nuestro quehacer. Estamos imbuidos en la innovación educativa, en la formación del profesorado, en las evaluaciones y acompañamiento a familias y alumnos. En medio de todo esto necesitamos descansar, pararnos, hacer silencio para vernos desde fuera. Hemos de poner nombre a lo que hacemos durante el año para preguntarnos si queremos seguir haciendo lo mismo.

El vocablo “responsabilidad” comparte raíz con “respuesta”. Ser responsable es, por tanto, tener la capacidad de emitir una respuesta a una llamada recibida. Sólo podremos responder de manera adecuada cuando nos detengamos a pensar sobre cómo está siendo nuestra participación en el mundo. Porque los miembros de la escuela no sólo respondemos a la educación, también lo hacemos a nuestras familias, a nuestras amistades y, en definitiva, a todo con lo que estamos comprometidos en la vida.

La práctica del retiro tiene una profunda tradición cristiana. Los evangelistas nos narran cómo Jesús se retiraba al desierto antes de emprender su misión por determinados lugares. Los cristianos se han retirado de diversas formas y maneras a lugares apartados, donde poder escuchar la voz de Dios de la que, a veces, el ruido del día a día nos priva. Momento único y especial el que se nos abre hasta septiembre para la reflexión, la oración, y el distanciamiento de tantas cosas. Ojalá que no seamos tan absurdos de desaprovecharlo.

Feliz y provechoso descanso para todos.

 

Antonio Luis Ferreira Siles

Departamento Pedagógico de Escuelas Católicas de Andalucía

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