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Alvira: "Algunos quieren replantear cosas consensuadas desde la Transición"

José María Alvira, secretario general nacional de Escuelas Católicas.

 

El curso en Andalucía ha estado marcado por la renovación de conciertos. En el resto del país, ¿qué temas han marcado la agenda del curso educativo?

Un tema que ha sobrevolado todo el curso es la búsqueda del Pacto Nacional por la Educación, que es un proceso que todavía está en marcha. En el Parlamento existe la Subcomisión encargada de este Pacto y está recibiendo a personas e instituciones en diversas comparecencias. Yo creo que esto va para largo. Me parece que no va a ser fácil, aunque ojalá se llegue a un pacto. Esto sería uno de los puntos fuertes de la actividad de este año. Y el otro tema ha sido el de la renovación de conciertos. Es cierto que se ha dado en Andalucía, pero también se ha producido en todas las comunidades, excepto Navarra y País Vasco. No obstante en algunas ha habido situaciones conflictivas y difíciles, más que en Andalucía, como es el caso de Aragón y La Comunidad Valenciana, donde por cuestiones políticas e ideológicas contrarias a la escuela concertada.

 

¿Cómo se ve la Educación a nivel nacional con 17 comunidades autónomas dispuestas cada vez más a intervenir?

Quiero decir que es bueno conocer y respetar las características de cada comunidad autónoma, de cada región, de sus gentes y atenderlas. Pero a veces, también se corre el peligro de que haya una dispersión en cuestiones que podríamos abordar conjuntamente, que no tocan las raíces o señas identitarias de una comunidad autónoma, llegaríamos a simplificar el funcionamiento. Insisto: respetar la idiosincrasia de cada lugar, pero también colaborar y simplificar muchas veces el sistema.

 

¿Cree que ahora la concertada está teniendo que luchar mucho más que hace 10, 15 o 20 años por su espacio natural?

Creo que sí, porque desde hace unos pocos años hay grupos políticos y sociales que han vuelto a replantear la cuestión de la libertad de enseñanza, los conciertos, poniendo en cuestión lo que ya se había consensuado en la transición y conseguido en la Constitución y en las diferentes leyes, incluso leyes del Partido Socialista. Esto hace que en algunos ambientes y en algunas comunidades autónomas, donde gobiernan determinados partidos, se estén creando situaciones verdaderamente problemáticas. Entonces, por nuestra parte, Escuelas Católicas está tratando desde hace tiempo de volver a hacer presente la idea en la sociedad de la libertad de enseñanza y de los conciertos. No solamente como reacción ante estas últimas medidas políticas, sino porque se veía venir desde hace unos años que este ambiente, en algunos sectores, es contrario a la libertad educativa.

 

¿Nota esa evolución no sólo sectores políticos, sino a nivel social? ¿Cree que va a avanzando esa tesis?

Por una parte, en algunos sectores educativos, pues claramente hay una postura muy definida ‘en contra de’, como CEAPA, que se presenta como representante de todos los padres de la escuela pública, cuando creo que todos los padres de la escuela pública no piensan lo mismo. Éste es un grupo que tiene su peso y que está en esta órbita. Pero, por otra parte, veo como algo positivo la reacción que ha habido en algunas ciudades y comunidades autónomas por parte de la sociedad. Me refiero a padres, profesores, titulares, que cuando se han visto atacados, cuando se han tocado los conciertos y las posibilidades de renovar… han reaccionado incluso manifestándose en la calle. O sea, que ha habido claramente una reacción positiva de la sociedad.

 

Si hacemos autocrítica, ¿nos hemos relajado desde la educación concertada a la hora de defender estos valores?

Puede ser que en los últimos años… Yo no hablaría tanto de relajación, sino de habernos habituado a una situación de normalidad. Creo que los conciertos ya formaban parte, y en la actualidad también, de la normalidad de la vida educativa, política y social de nuestro país, y no había por qué volver a replantearlos. Pero como digo, desde hace unos años se ha vuelto a replantear y por tanto eso nos ha hecho ver a nosotros también, a todos los que estamos en el ámbito de la educación concertada y católica, que tendríamos que volver a hacer presente en la sociedad los grandes principios de la libertad de enseñanza, que podrían estar como olvidados o tan asumidos que ya nadie se lo planteaba como problemática.

 

¿Qué le diría a aquellos que hablan de la concertada como subsidiaria de la pública y no como complementaria?

Ésta es una de las batallas que no solamente afecta al lenguaje. El lenguaje muchas veces dice mucho más o tiene detrás cuestiones mucho más importantes, cuestiones más identitarias. Nosotros siempre insistimos que la red de escuelas concertadas es complementaria de la pública y debe situarse al mismo nivel. Y no es subsidiaria. No está solamente para rellenar los huecos que deja la escuela pública. Por otra parte que en ninguna ley, ni en la Constitución ni en la LODE inicial, se habla de la red de escuelas concertadas como subsidiaria. Y por otra parte, es curioso la interpretación que se hace del principio de subsidiariedad, ya que dice precisamente lo contrario: que los problemas deben afrontarse o abordarse en los niveles más próximos a donde se producen las situaciones. Por lo tanto, es la sociedad civil la que debe abordar la cuestión educativa. Y allí donde no llega la sociedad civil, para eso está el Estado. Y curiosamente, la interpretación torcida que se hace ahora, perversa desde el punto de vista intelectual y moral, es la contraria. Es la sociedad civil la que es subsidiaria del Estado.

 

Escuelas Católicas presentó el pasado año con la Universidad de Comillas un informe sorprendente sobre lo que piensan los propios padres, el conjunto de los españoles sobre la concertada. ¿Le llamaron la atención los resultados del estudio? ¿Qué destacaría?

Bueno, hubo resultados que realmente nos sorprendieron. Cuando lo presentamos también a la prensa, a la sociedad, también sorprendieron algunos resultados. Otros no. Era más esperables y ya los conocíamos. Pero por ejemplo, nos sorprendió el apoyo mayoritario y casi unánime de la sociedad española al principio de la libertad de enseñanza. Un principio que debe ser efectivo gracias al apoyo económico del Estado. Es posible que si ahí se hubiese metido la palabra ‘conciertos’, es decir, escuela pública y escuela concertada, las opiniones no hubieran sido tan unánimes. Pero, cuando se habla de los grandes principios, y cuando se plantean en particular y en privado a las personas, a los ciudadanos españoles, responden en el sentido afirmativo. Esto fue una pequeña sorpresa. También, que la composición de las familias de escuela concertada, básicamente responden en todos los sentidos a las características de la sociedad española en general. Desde el punto de vista ideológico, económico, social, cultural, etcétera. Es decir, que no hay grandes diferencias entre la sociedad española en general y la que está representada en nuestro centros concertados.

 

Eso nos lleva a la siguiente pregunta: ¿seguimos manteniendo el falso mito de que la escuela concertada es una escuela compuesta por colegios elitistas? ¿Cómo podemos derribar esas creencias desde Escuelas Católicas?

Son mitos que siguen existiendo. Me da la impresión, quizás, que poco a poco ya haya algo menos. O quiero pensar que nuestra insistencia en desmontarlos va teniendo resultados… no lo sé. Pero es verdad que hay ciertos mitos como que es una escuela elitista, donde no se admiten inmigrantes, donde nosotros establecemos nuestros propios criterios de selección en relación a los alumnos, etcétera. Que eso no responde a la realidad. Ahí están los datos. A parte del conocimiento que tenemos nosotros de esa realidad, ahí están los datos. Y deben conocerse.

 

Volviendo al famoso Pacto Educativo, en alguna ocasión le he escuchado cierto pesimismo, ¿a qué se debe?

El pesimismo viene de que la primera condición para llegar a un pacto es el compromiso por querer alcanzarlo. Tengo la impresión de que hay grupos sociales y políticos que no tienen mucho interés en llegar a ese acuerdo. Un pacto nacional entiendo, que recoge las opiniones mayoritarias de todas las sensibilidades y grupos sociales. Considero que hay grupos que no están por la labor. Esa es la sensación que me da. De ahí viene un poco mi pesimismo. Quizás se pueda llegar a un pacto mayoritario de grupos políticos y sociales, aunque la pena es que no será un pacto nacional de todos, como lo fue la Constitución. Como sabemos, la Constitución recibió un apoyo mayoritario de grupos ideológicos de un lado y de otro. Yo siempre digo que ahí estaba desde La Pasionaria y Santiago Carrillo hasta Fraga Iribarne, pasando por todos los demás sectores políticos y todas las sensibilidades. Eso sí fue un pacto nacional. Ahora, en este caso, veo que no todos los grupos están por la labor.

 

Desde Escuelas Católicas, ¿cuáles son las líneas rojas que deben asumirse para ese pacto?

Líneas rojas, para nosotros, serían la defensa del principio de libertad de enseñanza. Es decir, que pueda haber centros erigidos y dirigidos por entidades particulares. Que los padres puedan elegir. Que tengan variedad y puedan optar por un proyecto educativo que más les convenza. Y para que esa libertad sea efectiva, tiene que haber un apoyo económico del Estado. Esto no es pedir ningún privilegio, tan sólo que el Estado cumpla con su función. Es facilitar que los derechos se puedan ejercer realmente y no solamente reconocerlos en el papel.

 

Hay discrepancias entre los partidos políticos para llegar a ese pacto… ¿y discrepancias entre la comunidad educativa? ¿O la comunidad educativa sí está más concienciada de esa necesidad del pacto?

Básicamente la escuela concertada está de acuerdo. No sólo la escuela católica, sino también las escuelas que no son confesionales. Éstas están en el ámbito de la concertada y por lo tanto estamos de acuerdo en lo fundamental. En otros sectores educativos creo que hay también bastantes posturas ideológicas a veces contrarias. Por ejemplo, en ocasiones se presenta la escuela pública como contraria, enemiga o adversaria a la concertada, o al revés. Nosotros siempre decimos que no queremos ninguna enemistad o ningún enfrentamiento. Queremos colaborar y trabajamos por la educación, que es lo fundamental. Pero observo a grupos, que estando dentro, convierten su defensa de la educación pública en un rechazo a la escuela concertada. Y esto sí que me parece preocupante. No todos los que están en la escuela pública tienen esta postura, pero algunos sectores en concreto sí.

 

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta Escuelas Católicas como organización? Háblenos desde su atalaya como patronal a nivel nacional.

Pues un reto es lo que venimos hablando, abordar y afrontar correctamente esta problemática que se está planteado en la sociedad, todo lo relacionado con la libertad de ensenañza y los conciertos. También, relacionado con esto, está el reto de llevar a la sociedad al convencimiento de que la escuela concertada y la libertad de enseñanza son buenas para todos. Para toda la sociedad. No solamente me refiero a medidas políticas, sino a que la opinión pública, la opinión de la gente, vaya en esa dirección. Que seamos capaces de convencerles de las bondades de la escuela concertada y de la libertad. Esto enlaza también con otro reto que es dar más visibilidad a lo que se hace en la escuela católica. Muchas veces hemos sido demasiado tímidos a la hora de presentarnos ante la sociedad. Yo creo que por eso estamos avanzando en esto bastante y es fundamental el papel de los que trabajan en Comunicación. Hacer visible a la sociedad que la escuela católica no sólo tiene sentido en virtud de unos derechos reconocidos en la ley, sino que tiene un puesto en el mundo educativo porque aporta calidad y aporta saber hacer. Y también innovación, creatividad… la escuela católica está en ese sentido a la vanguardia de las innovaciones educativas y de la renovación. Y esto es un reto que tenemos también ahí.

 

¿Cree que somos conscientes en los colegios concertados de nuestro peso global? Me refiero a Andalucía: 400 centros, 425.000 alumnos, o en España 2000 centros, 1 millón de alumnos… ¿somos conscientes de eso o cada uno hace la guerra por su cuenta?

A menudo considero que tenemos el riesgo de que no tomemos consciencia de lo que significa globalmente. Quizás un aspecto positivo de todos estos últimos acontecimientos es que nos ha ayudado a reaccionar y eso ha hecho tomar más conciencia a los implicados en la escuela católica del papel que desempeña, del peso que tienen y de lo que representan dentro de la sociedad. Tengo la esperanza en que poco a poco se vaya recuperando la conciencia sobre la importancia del peso que teníamos.

 

¿Cree que los padres dejan la educación de sus hijos cada vez más en manos de los colegios, sin darse cuenta de su importancia? ¿O se implican?

Creo que estamos en una especie de encrucijada. Por una parte se pide a la escuela mucho. Muchas cosas. Cuando algunas de esas exigencias las debería de cubrir la sociedad y la familia en primer lugar. No lo digo echando en cara nada a nadie ni a la familia, sino simplemente que los niños pueden aprender y crecer educativamente también en las familias. Por otro lado, a veces, la sociedad en general, y algunas familias en particular, son muy exigentes con la escuela. Respecto a cómo deben actuar y esto coloca muchas veces a la escuela en esa encrucijada. Y es que no puede atender a todas las demandas de la sociedad. Asimismo, quienes trabajan en la escuela son profesionales. Y el sentido de la profesionalidad es bueno que se tenga y que se ejerza y eso choca a veces con lo que se interpreta como injerencia de los padres. Pero yo entiendo también que los padres, por supuesto, son los primero educadores y tienen algo que decir. Mucho. Y lo ideal sería que escuela y familia fuéramos de acuerdo. Este es el ideal. Y yo creo que también se van dando pasos para que esto sea efectivo.

 

Y por último, las nuevas tecnologías han cambiado mucho la sociedad y la escuela, para lo bueno y también para lo malo, con un aumento escandaloso de casos de acoso, multiplicados por mil porque se cuelgan en redes sociales. En este sentido, ¿nos hace falta ya una educación clara en los centros sobre el uso de tecnologías, para prevenir que se produzcan estas situaciones?

Una consideración general: las nuevas tecnologías por supuesto que deben estar presentes en el mundo de la educación y que sepamo aprovecharlas. Pero no son las tecnologías las que deben marcar la educación. Debe de ser al revés. Tiene que haber un proyecto educativo y dentro de ese proyecto encajar el uso de las tecnologías. Y respecto a esos casos de acoso, pues no cabe duda que algunas tecnologías facilitan y amplifican estos casos de acoso y de dificultad de convivencia en los centros. Y esto exige que sepamos educar a los niños y a los adolescentes en el uso correcto de las nuevas tecnologías fuera del ámbito escolar. Fuera del uso académico. Y por supuesto que exige una educación en ese sentido porque en el fondo es educación en valores. Tampoco esto es una educación que haya que hacer separada o diferenciada de una educación en valores, en conjunto. Yo siempre pienso que en este tema, y en otros parecidos, que hace falta hacer leyes que dejen claro cuáles son los comportamientos lícitos y los que no. Hace falta educación y formación en consciencia de valores, y esto me parece lo fundamental.

 

¿Y eso se está llevando a cabo en las aulas o nos hace falta dar un pasito más allá?

Considero que debemos avanzar. No quiero afirmar que no se quiera hacer, en absoluto. A veces no sabemos muy bien cómo hacerlo o cómo influir realmente en los criterios de los chicos. Existe consciencia de lo necesaria que es esa educación y creo que se está haciendo. Pero aún tenemos que hacer más y saber más sobre todo este mundo.

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