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Carta a la nueva consejera

Dª Sonia Gaya Sánchez, Consejera de Educación de la Junta de Andalucía

 

Estimada Consejera:

El pasado 8 de junio fue nombrada para ser la máxime responsable de la Educación en nuestra región, sustituyendo a Adelaida de la Calle.

La conozco poco, únicamente de algunos encuentros puntuales, pero la impresión que he podido sacar ellos ha sido positiva. Además, las referencias que tengo de terceros apuntan en la misma dirección. Me dicen que es inteligente, tenaz, discreta, que sabe escuchar y siempre procura el consenso. Si es así, que no lo dudo, tiene ganado mucho terreno.

Como bien sabe, Escuelas Católicas de Andalucía (ECA), es la organización mayoritaria de la concertada, con una representatividad del 70% de la misma en nuestra región. En Andalucía tenemos 400 centros, la mayoría de ellos centenarios y referentes en el sector educativo, en los que trabajan 16.000 profesionales y estudian 225.000 alumnos. El aval con el que nos presentamos ante la sociedad, además de la calidad educativa, es nuestro compromiso con los más desfavorecidos y los valores humanos y cristianos que procuramos trasmitir; y la independencia, particularmente con respecto a los grupos políticos, de la que hemos hecho siempre gala, sencillamente porque, lo que por encima de todo nos importa, es querer lo mejor para todos los alumnos, con independencia del centro en que estudien.

Esa independencia, que a veces tantos quebraderos de cabeza nos ha traído, es la que, al mismo tiempo, nos ha dado credibilidad y seriedad ante la sociedad, las familias que nos demandan y las administraciones educativas. Desde este contexto, y con la única intención de querer lo mejor para la educación en Andalucía, es desde el que, respetuosa y modestamente, quiero dirigirme a usted para compartir algunos retos importantes que creo debería afrontar.

 

1. Serenar el ambiente educativo

Sra. Consejera, sabe que tiene una tarea muy difícil, porque la educación en nuestra región, al igual que en nuestro país, se vive, en algunos ámbitos, con excesiva pasión. Por ello es clave que procure, con un equipo dialogante, serenar el ambiente, crispado últimamente.

Hemos cometido el error de hacer de la educación un debate de políticos, entre pública y concertada, que es ficticio y que muy poco tiene que ver con la realidad. Ese tipo de debate, alimentado por intereses partidistas, no es el que interesa fundamentalmente a la sociedad, particularmente los padres. Éstos lo que quieren, con independencia de su perfil ideológico y respectivas creencias, es que sus hijos tengan una buena formación, que se les trasmitan unos valores y que adquieran una

“disciplina” (esfuerzo) que les sirva de base para conseguir sus metas. Este es precisamente el gran debate que hay que afrontar y no distraernos con lo que nos divide y separa, en lugar de lo que nos une.

Sra. Consejera, nos gustaría que dirigiera su mirada a los padres y madres de los alumnos. Escúchelos detenidamente, pues son ellos los que tienen el derecho a elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos, recogido en el artículo 27 de la Constitución Española. La demanda de las familias, basada en la opción por un Proyecto Educativo determinado, debe ser respetada y tenida en cuenta, dentro de un marco previamente consensuado.

 

2. Calidad educativa

En Andalucía se ha hecho un gran esfuerzo en el terreno educativo, máxime cuando el punto de partida no era el mismo que el del conjunto de comunidades autónomas. No obstante, habrá que admitir también que algunas cosas se han podido hacer mejor y no siempre por falta de recursos suficientes. También estaremos de acuerdo en que se ha ganado satisfactoriamente la batalla de la inclusión; pero si queremos crecer hay que bajar el porcentaje del fracaso escolar y aspirar a una enseñanza de mayor calidad.

Sra. Consejera, debemos ser más autocríticos y valientes. Habrá que procurar seguir mejorando aquello que se hace bien; pero también habrá que ser decididos en corregir lo que debemos perfeccionar. No seamos sectarios ni endogámicos y por el bien de nuestros niños y jóvenes, cambiemos lo que sea necesario cambiar. Si un centro no tiene demanda, pudiendo tenerla, habrá que preguntarse cuál o cuáles son los motivos y qué es lo que está fallando; si los resultados académicos, teniendo en cuenta las circunstancias, no son los deseables, habrá que reflexionar y cuestionarse lo que hacemos y cómo lo hacemos. Cuando los resultados son negativos no podemos atrincherarnos en falsas cuestiones ideológicas para esconder la realidad de nuestro fracaso mediante argumentos injustificables. Este es el debate que la sociedad y los padres de nuestros alumnos esperan de nosotros.

No tema hacer un estudio sereno y profundo sobre los resultados que los distintos estudios, en el ámbito nacional e internacional, arrojan en nuestra región, en el que participe el conjunto de la comunidad educativa, no sólo aquellos que piensan de la misma forma, y pongamos los medios necesarios para irnos superando.

Le hago el mismo ruego que a su antecesora, no permita que la bajada de natalidad y la vuelta de inmigrantes a sus países de origen se conviertan en excusa para cerrar unidades, públicas o concertadas. Dicha realidad debe convertirse en una oportunidad para que se invierta, de manera equilibrada y equitativa, más y mejor, con el único fin de que la educación andaluza ocupe el lugar que le corresponde.

 

3. Mayor coordinación entre Consejería y Delegaciones Territoriales Provinciales y entre los propios departamentos de la Consejería.

Evidentemente, atendiendo a su singularidad, hay que respetar y apoyar la autonomía de cada una de las provincias andaluzas. No obstante, en materias propias de la Consejería o que estén subordinadas a la misma, las provincias no pueden actuar a su libre albedrío. Las normas que afectan a los centros y sus alumnos deben ser las mismas en todas las provincias. Así mismo, créame que no le hablo de memoria, la aplicación de los criterios no puede depender del profesional de turno, sobre todo cuando, en ocasiones, se invade la autonomía pedagógica y organizativa de los centros.

 

4. Complementariedad de redes

Sra. Consejera, usted sabe que ECA siempre ha rehuido la confrontación entre pública y concertada, apostando por un equilibrio entre ambas redes. Por ello, para una mayor y mejor estabilidad en el sistema educativo andaluz habría que mantener ese equilibrio, acuñado en nuestra región (con un 80/20 de pública y concertada respectivamente), introduciendo los mecanismos necesarios que velen para que dicho porcentaje se siga manteniendo.

Nuestra postura, en todo momento, ha sido la de luchar para que exista una red pública fuerte y que funcione bien; pero al mismo tiempo demandamos una red concertada, en igualdad de condiciones, que pueda dar respuesta a las necesidades de una sociedad democrática y, por consiguiente, plural.

Por consiguiente, no podemos prescindir de los conciertos educativos y que tanto han contribuido en la mejora de la educación española, en general, y la andaluza, en particular. Los conciertos, además de favorecer la escolarización en todas las etapas y promover la igualdad de oportunidades, son el único instrumento que las familias más desfavorecidas tienen para ejercer la libertad de elección de centro. No obstante, habrá que seguir trabajando para que los profesionales y alumnos de ambas redes gocen de los mismos derechos. Sólo así, junto con una financiación adecuada de los conciertos, podremos hablar de libertad e igualdad de oportunidades.

 

5. Pacto Educativo

Sra. Consejera, desde hace casi cinco años, cuando nadie hablaba del Pacto Educativo, fuimos pioneros en reclamarlo. Solicitábamos, entonces, un acuerdo educativo en nuestra región. Decíamos, que se trataba de adaptar dicho acuerdo a las nuevas circunstancias, teniendo como referencia la LEA (Ley Educativa Andaluza) porque además, Andalucía tiene entidad suficiente como para ser pionera y referente. Nos alegramos de que, poco a poco, otras organizaciones se fueran sumando. Más aún, cuando la propia Consejería, desde hace unos meses, por encargo de la propia presidenta de la Junta lo haya tomada como una de sus preferencias.

Mi organización, desde siempre, ha apostado por llegar a un acuerdo entre toda la comunidad educativa porque entiende que la Educación necesita un marco que le dé la estabilidad necesaria y que escape de los vaivenes de los distintos gobiernos.

Junto con la ilusión de poder llegar a un acuerdo educativo en Andalucía, tengo dudas de que la actitud intransigente e intolerante de algunos pueda truncarlo. Para hablar de Acuerdo Educativo Andaluz, primero habrá que saber hacia dónde queremos ir y además hace falta ser generosos para saber ceder, lógicamente en aquello que se puede, por el bien del conjunto.

Por otra parte, este gran acuerdo por la Educación en Andalucía, como decía nuestro secretario general nacional, José María Alvira, no puede limitarse a cuestiones del ámbito pedagógico, idiomas o de las TIC. Todo ello es importante, pero no son los que provocan los grandes desacuerdos. Dejar al margen algunas cuestiones de fondo es engañarse y, antes o después, volverán a surgir los problemas y las faltas de entendimiento.

Si conseguimos ese acuerdo, no le quepa la menor duda de que además de ser referente para otras comunidades autónomas, puede servir para impulsar el gran pacto social y político, que corresponde al estado.

En este tema es mucho lo que se juega usted y nos jugamos todos, pero es algo que nuestros niños y jóvenes merecen. Cuente con nosotros para aportar lo que podamos en beneficio de la educación andaluza. ¡Mucha suerte!

Reciba un saludo afectuoso,

Carlos Ruiz Fernández

Secretario general de Escuelas Católicas de Andalucía (ECA)

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