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Noli me tangere

Mi profesor de Latín en el Bachillerato, insigne salesiano que cultivo nuestro espíritu con formales adagios latinos, contaba a modo de chiste que Nerón poseía un perro que paseaba libre por Roma con un cartel colgante que rezaba “noli me tangere, caesaris sum ” (Que nadie me toque, soy del césar). Resultaba fácil imaginarse la próspera vida del can sin que nadie tocara un pelo de su ropa.

Lamentablemente, el derecho educativo no goza de dicha protección, por más que a todos nos gustase repetir ese adagio no por ser del césar, sino por sentido común. Lejos de ese deseo, cada uno que llega quiere dejar su impronta tocando la normativa educativa que rige en nuestro país o en nuestra comunidad autónoma. Si en Europa se ufanan por poseer leyes educativa de décadas de vida, aquí apenas superamos la legislatura.

Así, el año que emprendemos no estará exento de novedades legislativas. Antes de que culmine el curso habrán de pasar los Decretos que regulan la Enseñanza Secundaria Obligatoria, el Bachillerato y la Formación Profesional Básica. Pero, además, nos llevaremos por añadidura las reformas del Decreto de admisión de alumnos y, aunque no afecte directamente al sector de la enseñanza concertada, también se modificará el Decreto que regula la función pública docente en nuestra comunidad autónoma y los Estatutos de la Agencia Pública Andaluza de Educación. Eso solo en Andalucía. A nadie se le oculta lo que puede ocurrir con los cambios que pueden avecinarse en la política nacional.

Pocas veces hemos podido experimentar, como en este último año electoral, lo que supone la paralización de la “cosa pública”  durante casi 12 meses. Pues imagínense lo que supone esa paralización en la administración que sea hasta que la maquinaria se “engrasa”, por mejor voluntad que haya en el funcionamiento de la misma.

Si, desde Escuelas Católicas, siempre hemos abogado por el Pacto Educativo, éste es el momento en que debemos arreciar en la petición del mismo. La política educativa debe ser una política de Estado, pactada, que no esté sujeta a veleidades partidistas. Siempre será respetable, incluso preciso, el acento en una u otra cuestión dependiendo del color político del gobierno, pero sobre una base común establecida y pactada. La enseñanza equitativa y de calidad que todos deseamos debe construirse a años vista, con altura de miras, asumiendo lo que todos podemos aportar al sistema educativo y no viendo quién sobra.

Siempre será necesaria la ingeniería jurídica posterior pero ésta debe estar al servicio de valores que informen un sistema educativo mimado por todos.

Hasta entonces, por favor, noli me tangere.

José Rafael Rich Ruiz

Director Departamento Jurídico

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